Debate presidencial
Hirsch
Federico Grünewald Era difícil superar su anterior debate, pero lo hizo. El más sólido. Encaró al CEP entero y a Piñera le gritó en la cara que representa al poder empresarial. Contestó por Bachelet y hasta le prestó ropa. Le habló a un país adulto, capaz de decidir por sí solo. Es su gran diferencia con el tono paternalista e inmaduro de ella. Dejó un saborcillo agradable con su última frase: "Sabemos que ellos no van a cumplir".
PiñeraCuesta creerle que es hijo de la clase media. Tiene trabajo que hacer en ese terreno. Harta comparación, que la tijera para la delincuencia, la bicicleta para la equidad y el noveno mes de embarazo. Pero, ¿qué diablos tiene que hacer el pobre Buljubasich, arquero de la UC, en la Aduana? ¡Demasiado! Habla bonito, pero se enreda con tantos dólares, pymes, pensiones. Majadero y muy rococó.
BacheletUna soberana lata. Monótona, apagada, sin emoción, casi un robot. Acusó el golpe de la encuesta CEP al decir "le solicito su voto" y se le salieron un "chabajemos" y un "tupendo" como los "exchaordinarios" de Frei. El polo opuesto de Hirsch, trata al país como a niños.
LavínSe tomó el Armonyl. Tuvo un gesto casi inocente cuando pronunció la frase "Lavín y Piñera unidos, jamás serán vencidos", o cuando se autoapuntó con el dedo. La cámara lo pilló justo. No se ve bien que un candidato con cancha como él, tenga que recurrir al torpedo para repetir las mismas frases de los últimos seis años. ¿Cómo fue eso de prometer "más Dios en la sociedad chilena"? Igual metió su tema favorito sin que se lo preguntaran: la delincuencia.
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